domingo, 13 de enero de 2008

ELEGÍA A ÁNGEL GONZÁLEZ


Expolio cruel de un vil Enero cano
que en pos de una codicia compulsiva
robó, arrancó, sesgó lo más humano
que nunca dionos la palabra viva.
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Se lo llevan las musas de la mano,
Heraldo de la rima inquisitiva,
verde viejo con versos de asturiano
y voz de la conciencia colectiva.
.
Tus dedos de amarillo cenicero
recorren los renglones del ocaso
con el fiel desarraigo del viajero.
.
¿De quién será la pena de tu vaso,
tu chaqueta de paño, tu mechero,
tu colección de plumas del Parnaso?
.
El Trovador Errante

lunes, 26 de noviembre de 2007

EL DEDO DE DIOS


En lo referente al sistema selectivo de jueces y magistrados no sé qué me da más miedo. Si depender de los tribunales que, al efecto, nombra el Consejo General del Poder Judicial, con su correspondiente dosis de endogamia, o, por el contrario, y como apuntan algunas voces con talante reformista, estar a expensas del cortijillo universitario.

En ambos casos, el enchufe y el favoritismo están garantizados. Eso no es nuevo. Lo que sí cabe apreciar es que, siendo inevitables, es mucho más preferible que el sistema de selección dependa, como en la actualidad, de un tribunal colegiado, nombrado al caso por el órgano de gobierno del poder judicial (y que desaparece una vez realizada su función), que no pasar la pelota al compadreo universitario, cuyos catedráticos, muy sabios todos, están perfectamente instalados de por vida y tendrían potestad para hacer, deshacer y favorecer per seculum seculorum. No digo que todos fueran a actuar así, pero potencialmente es un peligro para un proceso selectivo basado en los principios de mérito, capacidad e igualdad, como preceptúa la Ley. Si quieres ser un limpiabotas, te tiene que examinar un limpiabotas. Nadie de fuera debería hacer ninguna criba. Y para la idoneidad de acceso al proceso selectivo basta, a mi juicio, con la mediana objetividad que demuestra un título universitario. Un título que iguale a todos.

Ahora bien, si lo que quieren es aumentar el número de opositores, facilitar el acceso a la carrera judicial y seleccionar a los mejor preparados hay medios para hacerlo que no tienen por qué pasar por la entrega de potestad seleccionadora a otras entidades. Ya nos basta con una. Uno de ellos sería, por ejemplo y en primer lugar (si lo que queremos es un mayor número de opositores) reducir los temarios. Bien es cierto que un juez debe de estar bien formado pero también es verdad que el ejercicio de la potestad jurisdiccional no pasa por recitar de memoria el fuero de Baylo. No es necesario. Como del mismo modo no se exige el conocimiento de otras disciplinas que igualmente sería valiosas para el desempeño, en algunos casos, de dicha función, como son por ejemplo la Psicología, la Psiquiatría o la práctica forense. Otra idea fácilmente aplicable para que no se reduzca el número de opositores sería, simple y llanamente, cambiar la modalidad de examen. De oral a escrito. La tensión es menor y la voluntariedad a su intento se acrecenta sin merma de una disminución de conocimientos.

Y finalmente, si lo que queremos es que accedan los más preparados, que sea la propia Escuela Judicial, que es la que forma a los jueces, la que suba el nivel de exigencia una vez aprobado el proceso selectivo (no como en la actualidad, donde el 100% de los jueces en prácticas aprueban el periodo de formación y prácticas en dicho centro). Que sea en la Escuela Judicial donde se realice la verdadera criba, ya que allí es donde, en puridad, se enseña el oficio. No hace falta que los profesores universitarios, cuya tarea por otro lado es muy noble, seleccionen con su dedo divino, y con tan sólo dieciocho años de edad a quienes según ellos, que no conocen el oficio, son aptos para ser los jueces y magistrados del mañana.



El Trovador Errante

viernes, 14 de septiembre de 2007

TURISMO OBSERVACIONAL Y "TURISMO" COMPROMETIDO


Los países pobres me dan muchísimo miedo. Los que pretendemos un mundo mejor y sabemos que la solución pasa por el compromiso con los desfavorecidos sentimos pánico cuando se nos plantea la posibilidad de viajar a uno de estos lugares donde la pobreza te mira con ojos de niño. Me da miedo porque soy incoherente. Hay, conozco, gente cuyo compromiso en estos temas es tan fuerte que lo han arraigado en su vida en forma de visitas periódicas cada año. A veces durante todo un año. Y ,a veces, de por vida. Visitas a países pobres que han hecho suyos para comprometerse, mezclarse, compartir bienes y problemas con los más necesitados. Mi compromiso no es tan fuerte pero tampoco ninguno. La última experiencia de valía que yo viví en ese sentido, fue el viaje a Marruecos donde un puñado de hermanos y yo nos tiramos un mes en el orfanato “La Maternité” (en la peor época de ese centro, gracias a Dios y a mucha gente ya ha cambiado algo) cuidando, lavando, atendiendo, jugando y dando de comer a niños abandonados, muchos de ellos tetrapléjicos y enfermos mentales (dicho sea de paso, por si alguien anda despistado, por este tipo de cosas, huelga decir que no cobramos un duro). Aunque fueron los franciscanos quienes nos acogieron, éste es un centro público del Estado. Lo digo para los que se crean que el viaje lo hacemos ligados, únicamente, a instituciones religiosas.

Es entonces cuando recuerdas ese comentario, o lugar común, según el cual no hace falta profesar un determinado credo para que te comprometas con acciones nobles y te pringues las manos directamente con el que pasa hambre. Mire usted, yo eso me lo creo. De verdad. No lo voy a negar. Pero luego está mi experiencia, y eso no es opinable. Es lo que he mamado. Lo que he vivido. Y lo que he vivido es que la mayoría de gente que conozco que se han involucrado con proyectos de esta índole, haciendo suyo el olor a heces y orina de los desarraigados, compartiendo su tiempo y su dinero, son gente perteneciente o ligada a la Iglesia Católica (dígase Grupo de San Francisco, Hermanas de la Consolación, Hijas de la Caridad o bien grupos independientes pero simpatizantes o vinculados con los anteriores como el Grupo de Misiones de San Francisco, Consolación por el Mundo, Juventudes Marianas Vicencianas, Delwende, Colaboración y Esfuerzo etc..).

Alguno me dirá que quizá yo sólo me muevo en ambientes religiosos y precisamente por eso no conozco otros casos… pero no es así.

De entre los amigos que tengo dedicados a la medicina y que son ateos, conozco a varios (no muchos) que también se han involucrado del mismo modo.

De los amigos y conocidos que tengo (y son muchos) dedicados de lleno a la política y a elaborar discursos sobre los derechos humanos no conozco a ninguno (salvo Manolo y Reyes) que se haya pringado las manos tocando a un pobre más de un mes. Y lo peor de esto es que algunos de estos amigos y conocidos ni siquiera hacen eco, valoran, acompañan o se pronuncian sobre las actividades de amigos suyos (amigos y amigas que a veces se juegan mucho) vinculados a este modo de vida. No sólo no se pronuncian ni lo acompañan cuando se enteran indirectamente sino que tampoco lo hacen cuando se les informa directamente. Y es que una cosa es teorizar acerca de los derechos sociales y otra es estar cerca del pobre. Debe de ser el veneno de las teorías, las elucubraciones y los batiburrillos dicotómicos. Aunque yo creo, estoy seguro, que también es posible que el compadreo elitista de pasillos, viajes, teorías y cafeterías en las instituciones políticas , nacionales y extranacionales, haga de impermeable para todo lo demás. Demasiado nivel para mancharse las manos. Es imposible cambiar el mundo desde un sillón de cuero. De este último grupo de amigos y conocidos, algunos, en ocasiones, se pasean en plan observacional por países donde la miseria aflora allá por donde vayas. No digo que eso sea bueno ni malo. No es una crítica. Sólo digo que yo no sería capaz de ir de turista a un país de esas características y que las veces que he estado en un país así, ha sido para hacer, con mucho esfuerzo, mucho miedo y muchas imperfecciones, precisamente todo lo contrario. Es mi opinión. Y, por ello, no me gusta que se fotografíe la pobreza y que se exponga en posters, adornando paredes, espacios o casas como artículos del National Geographic. La pobreza debe mostrarse cuando se lucha por ella, pero no exponerse como si fuera un paisaje natural. Porque el pobre tiene su dignidad. No es un objeto típico. No es folklore.

Únicamente me siento a gusto con las fotos que yo hice en ese viaje, porque son gente con la que yo he vivido. Y con las fotos de ese tipo que Mercedes tiene en su casa. Porque sé que a esa gente no sólo la ha tocado y acariciado durante muchos años con sus propias manos sino que, aunque sea por un tiempo, y mucho más y mejor que yo, se ha entregado a ellos con todo lo que es y todo lo que tiene. O con las fotos que ha hecho otra gente en esas mismas circunstancias. Porque, aunque lo repita en un post anterior, una cosa es predicar y otra es dar trigo. O mejor todavía, una cosa es dar peces, y otra enseñar a pescar.
EL TROVADOR ERRANTE

miércoles, 12 de septiembre de 2007

"ZAPATERO Y EL EFECTO PINOCHO" O "EL QUE SABE DE TODO MÁS QUE NADIE"


Yo, en política, como casi todo el mundo, no soy objetivo. Ni creo que nadie deba de serlo. Pero tampoco tengo puestas, como algunos, lo dejo claro, las orejeras del partido al que, frecuentemente voto. En cualquier caso intentaré, aunque sin poner demasiado empeño, que en este post no se derrame todo lo que pienso del asunto y, ni mucho menos, lo transmitiré del modo en que me gustaría transmitirlo.

Lo que no puede ser es que, por mucho talante que se abandere (cual estandarte que justificara todas las acciones y omisiones de uno), tres miembros de un gobierno caigan en contradicciones (graves) en poco menos de tres días. Yo, evidentemente, no sé de política ni de economía más que nadie pero, gracias a Dios, soy de los privilegiados que han tenido la oportunidad de estudiar una carrera así que, como poco, algo de formación tengo y, por lo tanto, cierta capacidad de análisis político para intentar comprender o entender las cosas. Aunque este asunto ni lo entienda, ni lo comparta. Y, aunque no se lo crean, he hecho por entenderlo. Igual debería compartir el argumento de un buen amigo mío según el cual uno tiene que respaldar siempre al gobierno porque éste tiene más información que nosotros.

En cualquier caso, es indignante que en tres días se nos presente el siguiente circo mediático y nosotros tengamos que aguantarlo. Un ministro de economía, hombre a mi parecer muy de fiar, que nos habla de “la maldad de las incertidumbres en la economía española” y, por otro lado, un presidente del gobierno que lo contradice anunciando que “la economía española está a prueba de bombas”. Muchos analistas explican, o más bien intentan justificar la aparente contradicción, argumentando con encaje de bolillos que, si bien Solbes habla de un modo académico y sin cuidado de la interpretación que se pueda hacer de sus palabras, Zapatero, por otro lado, mide las suyas de cara al pueblo. Así pues, argumentan, no habría contradicción ninguna porque cuando Solbes habla de incertidumbres se refiere a las incertidumbres que siempre, aunque sean mínimas, hay en la economía y, por consiguiente, Zapatero nos hace llegar, por tanto, un mensaje de tranquilidad explicándonos el comentario del ministro.

Y digo yo: Si un ministro está haciendo una declaración sobre un tema en concreto, dicho sea de paso bastante puntilloso, ¿es posible que a continuación se refiera, generalmente, a las generales incertidumbres de la economía en general?, ¿no es más fiable la declaración sobre política económica del Ministro del ramo (un prestigioso economista de solvencia) que la del presidente del Gobierno?, por otro lado, si Zapatero lo que ha hecho, como fabulan los que argumentan que no hay contradicción en las declaraciones, es medir sus palabras… ¿a santo de qué se piensa este caballerete que los españoles queremos que mida sus palabras respecto a un tema que afecta a nuestros bolsillos?... evidentemente no me referíré más que en este breve apunte al inmenso y nada diáfano campo de las promesas electorales y del dudoso arte de pintar, por cojones, la vida de color de rosa. Habría que pedir responsabilidad política y jurídica a los políticos (a todos los políticos, por si me sale algún sabiondillo con el argumento facilón del "pos tú más que yo") por sus promesas públicas.

Para acabar el pitoste, Solbes (seguramente en breve lo tacharán de traidor como a Rosa Díez, por decir lo que piensa), que parece ser el único que tiene medianamente los pies sobre la tierra, pone en entredicho la viabilidad del plan bucodental del ministro Bernat Soria (Sanidad) que pretende garantizar la gratuidad del dentista para todos los niños desde los siete a los quince años. Y no es que lo ponga en entredicho porque no le parezca bien, sino porque quizá deba estar cansado de que sus compañeros lancen propuestas, alegremente onerosas, dicho sea de paso, sin acompañarlas, y esto es lo importante, de su correspondiente carga de pelas en los próximos presupuestos generales del estado. Ya pasó con la Ley de dependencia y con la Ley integral contra la violencia de género, entre otras. Leyes con nombres de tinte electoralista y populista que, a la hora de la verdad, están huecas. Derechos vacíos. La oferta, claramente electoralista, repito, no se respalda por ningún presupuesto, ni, en consecuencia, por un cálculo mínimamente aproximado de lo que el Ministerio estaría dispuesto a aportar. Evidentemente, parece que al presidente Zapatero no le enseñaron, o no se cree, aquella máxima: “Una cosa es predicar y otra es dar trigo”. Yo tengo otra similar de creación propia y que creo que se adapta mejor a la situación: “Las promesas sin euros son como el que tiene tos y se rasca en los cojones”


EL TROVADOR ERRANTE

martes, 11 de septiembre de 2007

EL VERDADERO TROVADOR ERRANTE


Silvio Rodríguez, Palacio de Congresos de Granada, día 5 de Noviembre a las 21:00.

Desde luego que será para no perdérselo. Sus fans de toda la vida probablemente ya tengan las entradas (yo estoy en la fila 10) y a los que no les guste tanto, igual se apuntan por la sutil circunstancia consistente en que ver a Silvio Rodríguez en Granada, es algo bastante inusual, por no decir, como decía el otro, raro, raro, raro... Los que tuvieron ocasión de verlo la última vez que nos visitó pasan ya, por lo general, los cuarenta tacos.

Máximo exponente de lo que fue la Nueva Trova Cubana y que, estando en la madurez de su etapa artística, se encuentra, a mi humilde entender, en el mejor momento como poeta, como músico y como cantor. Es uno de los pocos mitos vivos en lo que a este tipo de música se refiere.

Y como colofón a este breve anuncio utilizaré esa palabra que tanto me gusta y que me ha servido para cerrar, casualmente, o no, algunos artículos anteriores... sí, no puedo evitar usarla porque es verdad... este concierto será IRREPETIBLE.


EL TROVADOR ERRANTE

jueves, 6 de septiembre de 2007

VINCERÓ!!!


Allá por el 94, yo tendría unos 15 años, me levanté una mañana temprano, en la que me lavé como los gatos y me vestí como si huyera de un incendio, para comprar la edición, recién llegada a los comercios, del concierto de los Tres Tenores en los Ángeles. Siempre dije que las maneras de Plácido Domingo, su elegancia y su interpretación eran las que más me gustaban pero, también reconocía que (yo era un chiquillo así que me importa un huevo la opinión de los entendidos) la voz de Pavarotti era, sin duda alguna, la que más me transmitía. A esa edad, me maravillaba de lo que veía. O mejor dicho de lo que escuchaba. Mejor aún, de lo que sentía escuchando. Yo no tenía, ni tengo, formación musical para valorar según qué matices. Pero sobre todo mi admiración venía dada y ofrendada a ese inconcebible cantar sin esfuerzo. Y no me refiero a cantar sin esfuerzo tonadas como el "Patio de mi Casa" o "La cabra, la cabra, la puta de la cabra "sino, por poner un ejemplo famoso, el conocido Nessun Dorma de Turandot. Domingo y Carreras lo hubieran podido cantar, y, de hecho, se lo he escuchado a los dos. No hay tacha para ninguno. Pero cuando lo hacía Pavarotti, yo no sé si en puridad lo haría mejor o peor, a mí me transmitía algo a lo que los demás no llegaban. Y si no es así ¿por qué siempre que lo interpretaban los tres, Carreras y Domingo le dejaban a Pavarotti, en una especie de acuerdo reverencial, que se luciera cantando el emotivo final? No hablo de teoría musical, hablo de sentimientos y emociones que salen a flor de piel en un muchacho de quince años.

Hoy ha muerto el llamado Tenor del Pueblo. Como he dicho antes, utilizaré un sinónimo para que no se repita, me importa un cojón, o dos, lo que digan los entendidos sobre su valía musical. El caso es que ese nombre le hace justicia. Pavarotti acercó la ópera a gente que no teníamos ni puta idea de ópera. A gente del pueblo. A los que no nos sentamos en palcos sino en el gallinero. Y eso no todos los puristas han sabido hacerlo. Gracias a él, gente lega en la materia llegamos a tararear de memoria fragmentos de obras magnas como Nessun Dorma de Turandot (Puccini), Libiamo de la Traviata, La donna e movile de Rigoletto (ambas últimas de Verdi), el Ave María de Schubert o, por qué no, el Granada de Lara.

Será inolvidable su figura en un escenario. Orondo, simpaticón, con un pañuelo en la mano para secarse el sudor y con pinta de rey hebreo. Quitándole hierro, seriedad y solemnidad al espectáculo cuando se lo podía permitir.

Hoy mis pensamientos, mis lágrimas, miles de recuerdos emotivos de miles de momentos y mis letras van para el Tenor del Pueblo… allá donde estés, canta… canta tan alto como jamás lo hiciste: Dilegua, o notte! Tramontate, stelle! Tramontate, stelle! All'alba vincerò! vincerò! vincerò! ...


El Trovador Errante

lunes, 3 de septiembre de 2007

"SI TUVIERA RESPUESTAS PARA TODO ESTARÍA ENSEÑANDO TEOLOGÍA EN PARÍS"

Si en el ámbito cinematográfico es “El Padrino” quien cierra la puerta al cine clásico para abrírsela al moderno, quedándose dicha película justo debajo del quicio, en literatura, la obra moderna que combina magistralmente un clásico con el tirón del bestseller, la novela histórica, la trama policíaca y una impecable narrativa, es, a mi humilde entender, “El Nombre de la Rosa”. Yo no seré un gran sabio de la narrativa moderna, los estilos y demás. Pero como lector no tengo por qué estar debajo de nadie. Rara vez he visto una aleación tan perfecta entre la Filosofía, la Historia, el Arte, una trama que desborda la imaginación y una narración sin tacha. A pesar de los incontables intentos posteriores por conseguir una mezcolanza similar, nadie, creo poder afirmarlo, ha podido lograrlo. Todas las imitaciones que han venido después se han quedado en agua de bestseller de verano. Muy agradables de leer en ciertas ocasiones, todo sea dicho, pero que, irremediablemente, caerán en la cuna del olvido.

Es un libro que merece la pena ser leído varias veces para ir captando nuevos matices. Nada en este libro es único. Siempre hay varios caminos dónde cada cual puede marcar sus acentos. ¿Qué pesa más?... ¿el Arte, la Historia o la Filosofía?... ¿cuál es la trama principal?... ¿los crímenes de la abadía o las luchas intestinas dentro de una Iglesia cuyos conciliábulos políticos alcanzan al mismísimo trono del Emperador?... ¿cuál es el hilo conductor?... ¿la vida de Adso de Melk o la imagen de una vida monástica en decadencia?... ¿dominicos o franciscanos?... ¿ciencia o fe?... por supuesto, no hay que elegir, yo me quedo con todo.

No hablaré de los personajes porque entonces el campo para la exposición y el debate se tornaría infinito. En cualquier caso, valga apuntar que el hecho de que muchos de los protagonistas de la obra sean históricos (Michelle da Cesenna, Ubertino da Casale, el propio Guillermo de Baskerville - inspirado en Guillermo de Occam - …) hace que el recorrido entre la realidad y la ficción se vuelva mucho más fascinante.

Podría recomendaros capítulos, pasajes, frases… es, sencillamente una obra perfecta, de principio a fin. Irrepetible.

El Trovador Errante

jueves, 23 de agosto de 2007

ENTRE LA PENA Y LA ACCIÓN

El mundo está como está. Individualmente, quizá no sea culpa de nadie. Colectivamente, es probable que sea culpa de todos. Entre las manipulaciones y omisiones mediáticas hay sucesos sangrantes e historias desgarradoras que nacen de la lluvia del silencio para despeñarse en el pozo del olvido. Y lo peor es que este silencio, al contrario de lo que se piensa normalmente, no está ocasionado por sutiles maniobras que intentan impedir la salida de dichas noticias a la luz pública, sino, simplemente, por la triste realidad de que no se consideran noticia. No importan. No cuentan.
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Occidente es nuestra cuna. Una cuna que viene arropada no sólo por su historia, su cultura y su bienestar, sino por una idea de filantropía que, amparada en lo políticamente correcto, empapa nuestras mentes, que no nuestros corazones. Es común y generalmente aceptado por la inmensa masa de clase media-alta entre la que nos movemos (gente formada, universitaria, comprometida y sensibilizada con el mundo) que las desgracias ajenas hagan eco y mella en nuestra retina. Sin embargo, es también lugar común que nos dejemos abandonar en el vasto y reconfortante desierto que se extiende entre la pena y la acción. Un desierto de parálisis donde las soluciones a los problemas humanos y mundanos, personales y colectivos, brillan por su ausencia. Un desierto que conmueve nuestras pupilas a la sombra del televisor.
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Sólo algunos salen de ese desierto para proponer soluciones. Para entregar sus bienes, su tiempo y su vida al servicio de otros. Eso ocurre cuando la compasión llega verdaderamente al corazón y no se ve frenada por el patético y cómodo impermeable de las lágrimas de cocodrilo.
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Es muy fácil compadecerse de un niño de ocho años que, ingresado en un hospital, está en peligro de muerte por una simple infección. Algo más poco común es interesarse e informarse acerca de si hay algún tratamiento posible para esa enfermedad. Ya resultaría extraño, a la vista de que ese tratamiento existe, enfrentarse cara a cara con las autoridades médicas para hacer ver que la gravedad del caso es fácilmente salvable. Lo que se torna ya muy poco frecuente o raro de cojones es que esa misma persona, al darse cuenta de que el sistema sanitario no está por la labor, pague de su propio bolsillo el tratamiento para ese niño mientras se vuelca en una campaña de sensibilización (amparada por familia, amigos, compañeros, comunidades...) a través de la cual no sólo consigue el dinero necesario para salvar esa vida, sino gestionar el sobrante del mismo para que se salven muchas más.
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El chaval enfermo se llama Fernando y tiene ocho años. Las autoridades y sistema sanitario que da largas y que arriesga la vida de un niño por un tratamiento de seiscientos y pico euros a lo largo de todo un año son las del Perú. La persona que se ha enfrentado al sistema y ha hecho suyos los problemas de otros es el personaje que pueden ver en la foto. Probablemente habrá muchas personas que, como ella, se involucren desinteresadamente con los desfavorecidos pero, en este caso concreto, le pese a quien le pese, es también, y entre otras cosas, el mensaje de Jesús de Nazaret el que se encuentra detrás de las motivaciones de la chica de la foto. Alguien que lucha por cambiar poco a poco estructuras de injusticia a nivel mundial mientras, al mismo tiempo, se acerca y entrega su vida al caso concreto de personas con nombre y rostro. A la causa de los invisibles. Los que no se reflejan en las cámara de video y, por lo tanto, no salen en las noticias. Los transparentes a las retinas de la comodidad y del bienestar.
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Mientras tanto una gran masa seguimos hablando de política, de lo mal que anda el mundo, de las izquierdas, de las derechas y de la puta que los parió. Y lo hacemos sentados. Sentados cómodamente en un sillón de cuero que, muy confortablemente, hemos instalado en ese acogedor desierto que se extiende entre la pena y la acción.
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El Trovador Errante

miércoles, 8 de agosto de 2007

PEQUEÑO AUTOHOMENAJE:


Pues eso, que este chiquitín cumple hoy 28 tacos. Una fotografía dulce o una melancólica alegoría acerca de cómo desmejora la vida. En cualquier caso, para bien y para mal, hay mucho ganado y vivido... y lo mejor, salvo dos o tres vivencias y personas, sigue siendo lo que está por venir.

Muchas felicidades.

El Trovador Errante

miércoles, 1 de agosto de 2007

ENTONCES...

( Antequera 2007)

Cuando tu risa no apague más cascadas
y tus ojos se pierdan en la noche,
cuando los grillos olviden tu ventana
y no haya más lugar para la fiesta
y el derroche,
cuando te vuelva la espalda el mar
y el silencio reviente tus oídos
y sea tu casa un triste lupanar,
cuando los malvenidos años
maltraten tu caducada piel
y el corazón se aburra de latir,
cuando la vida te escupa a los pies
y no haya una tonada
debajo de la almohada para ti,
entonces y sólo entonces,
tú, te acordarás de mí.
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El Trovador Errante

viernes, 13 de julio de 2007

AVISO: SIGO VIVO

Buen día para todos!
Os escribo un breve comunicado desde mi exilio interior para comentaros que esto seguirá funcionando en breve. El motivo de este parón son los inminentes exámenes de oposiciones que convoca, con su habitual desvergüenza, falta de palabra, impuntualidad y carencia absoluta de profesionalidad, el actual Ministerio de Injusticia y sus hordas de tribunales delegados. En ellos me estoy centrando ahora y no tengo tiempo para casi nada más.
A partir del día 25 de Julio esté humilde blog seguirá floreciendo, más o menos, al ritmo de siempre.
Un saludo a todos, quedando a vuestra disposición:

El Trovador Errante

domingo, 17 de junio de 2007

Y USTED... ¿CON QUÉ POIROT SE QUEDA?

PETER USTINOV

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DAVID SUCHET



ALBERT FINNEY

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Una noche, de hace ya muchos años, pusieron en la televisión Muerte en el Nilo (basada en la novela Poirot en Egipto). Me enganché y me enganché con la trama. Mientras estaba tragándome la peli sin pestañear apareció mi madre y dijo: - Anda, ¿no es ese monsieur Poirot?... me quedé mirándola asombrado - ¿Cómo no me habías hablado antes de este hombre? - le dije . No sabía, por aquel entonces, que estaba ante quien iba a ser uno de mis iconos y personajes favoritos y más queridos de ficción. Al día siguiente caminábamos rumbo a la Librería Urbano (que en paz descanse) para comprarme mi primer libro de Agatha Christie. Yo tan sólo contaba con diez años.
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Ahora, después de casi 20 años, habiéndome leído casi toda la obra de Agatha Christie y dándome cuenta de que no todas las novelas de esta autora tienen la misma valía (pues las hay buenas, flojas y muy flojas), me doy cuenta de que fue un golpe de suerte elegir aquel día la mejor. Pasaron por mi mano Cianuro espumoso, Un cadáver en la biblioteca, Un triste ciprés y otras tantas. Después de un buen rato barajando libros con mi madre, me dio la opción de elegir entre Navidades trágicas y El asesinato de Rogelio Ackroyd. Yo no sabía qué hacer. Lo que si tenía claro es que deseaba que el protagonista fuera monsieur Hércules Poirot. Entonces, como un hado del destino, casi al final de la estantería, leí: Asesinato en el Orient Express. En la portada, junto al citado ferrocarril aparecía una imagen de un intrigante Albert Finney encarnando a monsieur Poirot. Aquella imagen me decidió y, a la larga, he sido consciente de la gran suerte que tuve al elegir, en aquel momento y sin criterio alguno, la mejor novela de Agatha Christie.
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Lo malo de esto es que todos los libros de Agatha Christie que leí posteriormente me parecieron más flojos. Sálvense (más o menos al mismo nivel que Asesinato en el Orient Express) Diez Negritos, El asesinato de Rogelio Ackroyd y alguno que otro más. En cualquier caso acogí a la autora con cariño y fui devorando poco a poco casi toda su obra.
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Miss Marple nunca me acabó de entrar bien. Siempre he preferido al gran detective belga monsieur Hércules Poirot. Atiplado, un perfecto dandy, bajito, cabeza de huevo. Y si hay algo más famoso que sus renombradas células grises es sin duda ese perfecto bigote encerado de puntas retorcidas. Podrá decirse que es su tarjeta de visita.
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Muchos actores han interpretado a monsieur Poirot a lo largo de la historia del cine y la televisión. A mi parecer, David Suchet (protagonista de la célebre serie Hércules Poirot así como de otras tantas películas entre las que, a mi gusto, destaca El misterioso caso de Styles, primera novela de la autora) es el que más se parecería físicamente y en las formas al Poirot original. Peter Ustinov (Muerte en el Nilo, Maldad bajo el Sol... ) es un grandísimo actor (jamás olvidaré su interpretación de Nerón en Quo Vadis) pero, a mi humilde entender, es quizá el que peor encarna el personaje físicamente. Tampoco en las maneras me convence. Demasiado orgulloso quizá para un detective que, como nota general, podría decirse que es humilde a lo largo de la trama y que, únicamente al final, da muestras de saberse y creerse el más inteligente. En cualquier caso, yo me quedo, sin duda alguna, y a pesar de la gran caracterización de David Suchet y la profesionalidad de Ustinov, con la única interpretación que de este personaje realizó Albert Finney en la gran película Asesinato en el Orient Express. Esta genial y perfecta encarnación del personaje en lo físico y en lo personal se eleva, todavía más si cabe, teniendo en cuenta el extraordinario elenco de actores que participaron en la obra (Sean Conery, Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Jacqueline Bisset y Anthony Perkins entre otros). Un Albert Finney que no se amilana ante las sublimes interpretaciones del resto de estrellas que conforman el reparto y que eleva de tal manera el nivel que consigue hacer de la suya el centro en torno al cual bailan todas las demás. Soberbio. Perfecto.
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Y usted... ¿con qué Poirot se queda?
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El Trovador Errante

sábado, 16 de junio de 2007

PON UN ANILLO EN TU VIDA

Para qué sirve un rincón del coleccionismo si no es para enseñarlo... pues ahí va. Una visión general de mi humilde colección de El Señor de los Anillos, dentro de la cual, y sin contar los libros en varias ediciones, los de ilustración, las figuras en miniatura, los deuvedés con las versiones extendidas y alguna cosilla más, destacan los siguientes elementos:


- El Libro Rojo de la Frontera del Oeste.

- Andúril, Llama del Oeste, espada de Aragorn, que originariamente, antes de ser forjada de nuevo, fue Narsil, espada de Elendil, que cortó la mano de Sauron.

- Hadhafang, u Hoja de Multitudes, espada de Arwen, que fue de su padre Elrond en la Batalla de Dagorlad y que, se dice, pudo pertenecer a la Princesa Idril de Gondolín, madre de Eärendil, el Marino, padre del propio Elrond.

- Dardo, espada élfica de Bilbo, que luego fue de Frodo.

- Vara de Saruman.

- Colgante de Arwen, Estrella de la Tarde.

- Diadema de Arwen, que fue usada en la ceremonia de coronación del Rey Elessar.

- Yelmo de Guerra del Rey Brujo de Angmar, jefe de los Nazgûl.

- Busto y estatua de Arwen.

- Estatua de Sauron, el Señor Oscuro, el Señor de los Anillos.

El Trovador Errante

viernes, 15 de junio de 2007

LA COMUNIDAD DEL ANILLO: EL PUENTE DE KHAZAD-DÛM

Muchas veces he pensado que me encantaría borrar de mi memoria ciertos libros para tener la oportunidad de volver a leerlos y que me sorprendan con la misma fuerza con que lo hicieron la primera vez. Poco a poco iré exponiendo aquí algunos pasajes de los que más venero. Éste, en concreto, perteneciente a La Comunidad del Anillo, fue para mí desgarrador. La más alta tensión ante el denso, prolongado y artificial silencio de la infinita jornada a través de las minas de Moria. La encerrona, el enfrentamiento y la posterior huída en la Cámara de Mazarbul. Y, como colofón, el pasaje donde la emoción, el miedo, la angustia, la nobleza, el heroísmo, la incertidumbre y la clásica lucha de contrarios alcanzan su máximo apogeo: El enfrentamiento entre Gandalf y el Balrog de Moria en el Puente de Khazad Dûm. Las lágrimas como puños. Los pelos como escarpias. Inmejorable. Inolvidable. Irrepetible.
El Trovador Errante
"¡No puedes pasar! - dijo. Los orcos permanecieron inmóviles, y un silencio de muerte cayó alrededor - ¡Soy un servidor del Fuego Secreto, que es dueño de la llama de Anor! ¡No puedes pasar! ¡El fuego oscuro no te servirá de nada, llama de Udún! ¡Vuelve a la sombra! ¡No puedes pasar!"

J. R. R. Tolkien

jueves, 14 de junio de 2007

LA MALA PUBLICIDAD Y PILAR RUBIO

¡Viva la madre que te parió! Después de reflexionar sobre la vida y la muerte, no queda mal darse un paseo por el boulevard de los placeres mundanos. Que de todo tiene que haber en la viña del Señor. A todos los filósofos que os planteáis el sentido de la vida y/o la existencia de la deidad… para mí, ésta es una de las pruebas más claras de que Dios existe. Un milagro de la naturaleza. Y es que, al final, todo está conectado. Lo divino y lo profano. ¡Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor!, alabadlo con arpas y cítaras.

Guapa, pero no artificial. Sensual, que no ordinaria. Nada de delgadez extrema. Muestra una imagen enloquecedoramente saludable. Con más curvas que la carretera de la Alpujarra. Y, por lo que se ve, la tía es simpatiquísima, lo cual es raro conjugándose las cualidades anteriores. Si ustedes gustan, pueden seguir su periplo como reportera en la Sexta.

Hasta aquí he hablado de lo que entra por la vista. Irrebatible. Pero, además, si la escuchas hablar, da la sensación de tener una cabeza bastante bien amueblada. No es que yo tenga el placer de conocerla, pero me parece una muchacha bastante inteligente. Aunque, así de primeras y a bocajarro, yo no la querría para jugar al Trivial precisamente.

No se crean ustedes que es la típica torda provocativa, chula, prepotente, y pusilánime que no ve más allá de sus, innegables, encantos. Nada más lejos de la realidad. Por si fuera poco, la tía es medio roquera. Toma castaña. Nada de David Bisbal, Bustamante o la puta que los parió. Ole, ole y ole. Dan ganas de que se acerque a ti y te diga aquello de: - Cántame una canción al oido… y te pongo un cubata… ¡Guapa!

La vi por primera vez en un anuncio donde jugaba al billar en un bar. Su elegante pose hacía que sus lindas posaderas taparan una pequeña televisión que retransmitía un partido de fútbol que era visualizado, a su vez, por tres o cuatro zagales. Entonces ella, con esos ojos de gata que Dios le ha dado, y al darse cuenta de que estaba en medio, los mira y, con una dulce voz, no sé si de ángel o de diablo, les dice: - ¿Molesto?...

El anuncio hacía publicidad de… ¿un coche?... ¿una colonia?... sinceramente, ¿para qué les voy a engañar?... si les digo la verdad, no me acuerdo.
El Trovador Errante

miércoles, 13 de junio de 2007

SILVIO RODRÍGUEZ... LA VIDA


LA VIDA

La vida de un pájaro en vuelo,
la vida de un amanecer,
la vida de un crío
de un bosque y de un río,
la vida me ha hecho saber.

La vida del sordo y del ciego ,
la vida que no sabe hablar,
la del triste loco,
la que sabe a poco,
la vida me ha hecho soñar.

La vida voraz que se enreda,
la vida que sale a jugar,
la vida consciente que queda,
la vida que late en el mar.

La vida que brota de un muerto,
la vida que no se murió,
la de los desiertos,
la de un libro abierto,
la vida me ha hecho cual yo.

La vida que alumbra en el trueno,
la vida final de un adiós,
la vida goteando de un seno,
la vida secreta de un dios.

La vida que pende de todo,
la vida de cada emoción,
la vida en exceso,
la vida de un beso,
la vida me ha hecho canción.

(Del disco "Rodríguez")



Silvio Rodríguez

martes, 12 de junio de 2007

JUEGO DE VILLANOS

JUEGO DE VILLANOS
La muerte se puso una cara de monstruo,
una cara de monstruo horrible,
esperó y esperó detrás de una esquina,
salió al fin de la sombra como un trozo de sombra
y el niño huyó más rápido que su propio alarido.

Entonces la muerte se puso otra cara,
una vieja cara de mendigo,
esperó y esperó enfrente de la iglesia,
extendiendo la mano y gimiendo su pena
y el niño no supo que hacer con su piedad.

Entonces la muerte se puso otra cara,
una cara de mujer hermosa,
esperó y esperó con los brazos abiertos,
tan maternal, tan fiel, tan persuasiva
que el niño quedó inmóvil de susto o de ternura.

Entonces la muerte sacó su última cara,
una cara de juguete inocente,
esperó y esperó tranquila en la buhardilla,
tan quieta, tan trivial, tan seductora
que el niño le dio cuerda con una sola mano.

Entonces la muerte se animó despacito,
más traidora que nunca y le corto las venas
y le pinchó los ojos y le quitó el aliento
y era lo único que podía esperarse,
porque con la muerte no se juega.
Mario Benedetti

martes, 5 de junio de 2007

LA NOCHE ETERNA


A continuación os dejo con un breve relato (que ya fue publicado en mi primer intento de blog) de esos que tienen como finalidad hacer más inquietante la medianoche. Pretende ser, a mi estilo, un pequeño homenaje a la literatura de Poe por parte de este humilde servidor. Un homenaje, repito. Ni que decir tiene que no se me pasa por la cabeza igualarlo.

LA NOCHE ETERNA

Abro los ojos. Lentamente. El paisaje de negrura que, hasta ahora, inundaba mi conciencia va asumiendo un tenue halo de claridad que, poco a poco, da forma y delimita los contornos de lo que existe a mi alrededor. No veo con nitidez, sólo percibo siluetas, bultos, formas indeterminadas. Me esfuerzo por recobrar la visión. Como en ese fugaz y veloz instante en que te despiertan con prisa porque no ha sonado el despertador y se te hace tarde. Ese momento donde se solapan sueño y vigilia dejando tu visión acorralada entre dos mundos, luchando por volver a la realidad. Ese momento en que Morfeo y Hera se disputan la propiedad de nuestra pobre existencia. Niños que codician un mismo juguete. Espero unos pocos segundos. Las formas se hacen cada vez más claras pero no del todo diáfanas. Como si un pliego de papel vegetal se hubiera fundido amorosamente sobre nuestra realidad terrenal. Aún así agradezco el despertar. El amanecer es siempre signo de esperanza para el ser humano. Es preferible una limitada percepción de un entorno difuminado al vasto piélago azabache de nuestra inconsciencia.

No tengo claro dónde estoy. Ni tan siquiera dónde debería de estar. Apelo a mis recuerdos pero no consigo llegar hasta ellos. Es raro. Pero más rara todavía es esa sensación de falta de preocupación que me invade. Perdida la noción del tiempo y casi la del espacio. Lo más insólito es que no siento un gran desasosiego por mi evidente sensación de dispersión, de falta de ubicación. Al contrario. Es una extraña tranquilidad la que me acoge en estos momentos. Extraña por hacerse presente en un momento de incertidumbre y extraña por no saber de dónde procede.

Me reconozco sentado. Con las piernas estiradas y la espalda apoyada en una superficie lisa. Un recuerdo irrumpe en medio de mis pensamientos. El único recuerdo. El hombre del traje gris. ¿Dónde estoy?... siento miedo de repente. La tranquilidad que me rondaba comienza a esfumarse poco a poco como un ejercito en retirada... Tabaco. Necesito tabaco. Eso era lo que quería aquel hombre. Yo no lo tenía. Recuerdo las palmas de mis manos sudorosas rebuscando en los bolsillos. Temblorosas. De nuevo la mirada de aquel hombre se entromete en mis recuerdos. Abarcándolo todo. Aquellos ojos casi felinos. Amarillos. Vidriosos. No tengo tabaco. Ayer acabé el último paquete. No sé qué contestarle. Percibo el miedo. Mi negativa es un mal augurio. Y lo sé porque lo siento. El miedo no se razona. Se siente. Se huele. Como efluvios de vómito y alcohol. No lo ves venir. Entra siempre por la puerta de atrás. Esa puerta que en nuestros más remotos sueños siempre olvidamos cerrar. Ese punto vulnerable de nuestro sistema de defensa frente a lo desconocido. Ese desespero que se apodera de nosotros cuando, victoriosos, pensamos que el miedo está fuera de nuestra casa y, a modo de flash, recordamos, acto seguido, esa puerta de atrás... la que nunca cierra bien. La que adopta la forma de vieja cancela chirriante y sin cerrojo. La que nos conduce al desván a través de un alargado pasillo iluminado pobremente por una sola bombilla cuya luz tintinea. Esa puerta al final de un corredor donde danzan las sombras. La que deja abierta una posibilidad a lo desconocido, a lo terrible. Esa puerta que te deja cada noche pensando. La puerta por la que escapa nuestra seguridad.

Hace frío. Lo percibo como sensación pero no me molesta. Advierto una ligera claridad en el ambiente. Aprecio el cielo. Ya puedo verlo. Debe ser de madrugada. Esa hora fría y mágica que precede al alba. Esa hora dónde se materializan los más prodigiosos sueños de las hadas o las intenciones más negras del mismísimo infierno.

Unos primerizos rayos de sol se dejan ver tímidamente, como pidiendo permiso. Estoy cansado. Muy cansado. Pero en el fondo vuelve a brotar en mi una indescriptible sensación de bienestar. En cuanto encuentre fuerzas suficientes para levantarme volveré a casa. Si es que la tengo. Todavía no alcanzo a recuperar mis recuerdos. Sólo sé... sólo sé que anoche salí para tomar unas cervezas... debí acabar borracho y por eso he pasado la noche en este lugar, es la única explicación. Mi visión ya alcanza a pecibir las farolas de la calle donde me encuentro. No con toda su definición, pero reconozco el espectro de luz que irradian. Evidentemente está amaneciendo. Lo sé porque no se las ve con esa luz clara que destaca y alumbra en la nocturnidad sino con el breve reflujo amarillo que permanece en ellas un tiempo antes de apagarse. Una hilera de luces amarillas. Como luciérnagas. Como aquellos ojos. Un estremecimiento recorre mi cuerpo al recordar, de nuevo, a aquel hombre. El hombre del traje gris. Lo recuerdo mirándome... sí, en la barra del bar. Su imagen llega cada vez más clara. Al fin parezco estar despertando verdaderamente de este letargo. Su imagen me da miedo. Es lo que más temo en este mundo. Y yo no tengo tabaco. Eso es lo que él me pedía. Estaría más tranquilo si pudiera ofrecerle un cigarrillo. Su agobiante expresión no se me va de la cabeza. Alto y delgado. Aunque el adjetivo sería más bien largo. Embutido en un viejo traje gris, raído, sucio. De unos cuarenta años. La piel gastada, envejecida prematuramente. Una barba pelirroja enmarañada a juego con su cabello sucio. El cabello de Judas. Las manos grandes y trabajadas. Como las de un labrador. Las uñas negras. Podría pasar por cualquier mendigo de los que abundan en la ciudad. Pero algo temeroso envolvía aquella extraña figura. Algo que salía de sus ojos... amarillos. Daba la impresión de no ser humano. Imponía el respeto de quien se sabe frente a un... animal. Había algo animalesco en su acecho, en sus formas. En aquella mirada cazadora, salvaje. En aquellos extraordinarios ojos amarillos... reptilianos. Aquel hombre estaba borracho. Era inconfundible el vidrio aguado de aquellos ojos. Rezumaban alcohol. No sé de dónde cobra vida ese recuerdo. Debe ser producto de mi imaginación... aunque en el fondo sé que ese hombre existe, ha estado frente a mí, lo conozco...

Pasa el tiempo, yo diría que las horas. La luz del sol va cobrando protagonismo en este pequeño espacio de mi limitada existencia. Ahora puedo ver la calle en la que me encuentro, aprecio cada vez más sus formas. Ya veo las farolas con total nitidez. Se alinean formando una mediana que separa ambos sentidos de circulación. A ambos lados de la carretera se alzan, en hileras, los cenicientos edificios de nuestra ciudad. Monumentos a la fealdad que sólo debemos a la funcional arquitectura de nuestro siglo y a la permanente acción y devastación de los tubos de escape. Ahora empiezo a tomar conciencia... estoy en mi calle... mi vieja calle. Más aún. Me encuentro sentado en mi portal. Justo debajo del portero automático. Apoyada mi espalda en la pared. A mi derecha la puerta de mi bloque. Definitivamente debí tomar varias copas de más. Caminaría borracho, tambaleándome. Y al final me desplomé derrumbado en mi mismo portal sin fuerzas para subir a casa. Eso debió pasar. O quizá olvidé las llaves. No pude entrar y a mi ebria condición no le importó pasar la noche en el portal. Intento incorporarme pero no puedo. Me duele un poco el pecho... aunque no estoy seguro. Es extraño. Sé que me duele pero no siento el dolor. Como esa sensación mezcla de invulnerabilidad, somnolencia y bienestar que produce la anestesia. Imagino que será fruto de haber pasado la noche en la calle. Una mala postura.

Me escuecen los ojos. Algo sobrenatural se ha apoderado de mi entorno. O de mi mente. Luces. Miles de luces inundan el paisaje urbano donde me encuentro tendido. Destellos que van y vienen. Fogonazos de luz que irrumpen en mi pupila para después perderse y, en una fracción de segundo, volver a aparecer de nuevo. Luces de colores. No es la luz blanca y natural que la naturaleza irradia con los primeros rayos del alba. Se trata de una luz artificial. Sacada de contexto. Tecnológica. Metálica. Mi confusión se acentúa a raíz de las innumerables sombras que danzan al efecto de cada destello tecnicolor. Una lluvia de colores que se encienden y se apagan. Similares a los descritos en los relatos del fenómeno O.V.N.I. Comienzo a sentir miedo. Retazos de lo que verdaderamente está pasando. Un frío que no es de este mundo se apodera poco a poco de mi cuerpo. De cada miembro. De cada órgano. Casi al instante aparecieron aquellas sombras. Los hombres de azul. Había por lo menos cuatro o cinco. Alguno quieto, como acechando, alerta, vigilante. Los demás como buscando algo alrededor de mí. Casi ajenos a mi presencia. No puedo decirles nada. El miedo ha paralizado todos los músculos de mi cuerpo. Uno de esos hombres azules se separa del resto y me dirige su atención. Sigo sin poder moverme. Al instante, como salidos de su cara, me dispara una serie de haces luminosos que se van derramando como lluvia lenta y fina sobre mi cuerpo, mientras las luces de colores siguen invadiendo la zona cada vez con más intensidad. Algo nuevo entra en escena. Los hombres de azul dejan lo que sea que estuvieran haciendo y vuelven su rostro a una misma dirección.

Cuatro nuevas sombras se acercan. Con paso autoritario. Los hombres de azul se dirigen hacia estos nuevos visitantes. En un principio temo por ellos. Se van acercando a mí. Vienen a por mí. El miedo crece insoportablemente. Ahora veo algo mejor. Dos de ellos escriben algo y hablan con el tercero. El cuarto personaje se dirige hacia mí. Lo tengo delante. Se agacha. Extiende su mano. Su dedo. Me roza el cuello. Y fue en ese mismo instante, al roce de la yema de su dedo contra mi piel, cuando la comprensión de esta funesta y aparentemente sobrenatural realidad, se derramó sobre mí como un jarro de agua fría. Sentí una punzada en el pecho. Parecía dolor... pero evidentemente no me dolía. Por vez primera fui consciente de la palidez cadavérica de mis manos. De mi extrema rigidez que yo atribuía al cansancio o a la resaca. De la mancha carmesí que se extendía a lo largo y ancho de mi camisa blanca y que confluía en un punto central del pecho. Instintivamente quise llevar mi mano allí... pero no pude. Tampoco pude gritar. Ni siquiera articular palabra. Y entonces acabé por comprenderlo todo. Las luces azules y rojas que emanaban de las sirenas instaladas en los coches patrulla. El uniforme azul de los miembros del Cuerpo Nacional de Policía. La recogida de los vestigios, tendentes a esclarecer los hechos, que pudieran quedar a mi alrededor y el flash del irremediable reportaje fotográfico. Y por último los cuatro hombres que cerrarían la diligencia de levantamiento del cadáver: el juez, el secretario, el funcionario de auxilio... y el que, por último, se dirigió a mí... el médico forense. Y antes de que la noche eterna se derramara sobre mí con su implacable negrura fui consciente de la historia de aquella noche.

Salí del bar. Serían las dos de la madrugada. Me había despedido de mis amigos y me dirigía a casa. Ya cerca de mi portal advertí una sombra que se acercaba de frente por la misma acera. A la luz de las farolas lo distinguí. Era aquel pobre borracho que habíamos visto mis amigos y yo minutos antes en el bar. Cabello y barba pelirroja. Sucio y despeinado. Un viejo traje gris raído y pasado de moda. Efluvios de alcohol a metros de distancia. Aceleré el paso para llegar a mi portal pero él hizo lo mismo. Me asombré de su extraordinaria agilidad a pesar del estado en que se encontraba. Saqué las llaves de mi portal pero cuando las dirigí a la cerradura me di cuenta que lo tenía frente a frente. Nos miramos los dos. Hasta ahora sólo había sentido la molestia propia de quien se quiere quitar un borracho de encima pero, al mirarlo a los ojos, sentí miedo. Aquellos ojos amarillos, líquidos... aquella mueca de desdén y arrogancia no presagiaba nada bueno. En aquel momento fui consciente del peligro. Con gesto rápido me cogió el brazo, con la fuerza de una tenaza, al tiempo que se dirigía a mí.
-¿Tiene usted un cigarro amigo?...
Tanteé los bolsillos con la palma de la mano empapada en sudor, temblorosa.
-Lo siento caballero, no me queda nada... -dije tragando saliva e intentando aparentar seguridad. Él acentuó su mueca, como una hiena ante su presa.
-Pues si no tiene tabaco deme ahora mismo todo lo que lleve encima, deprisa.
En un segundo fui consciente de la situación. Su garra atenazó mi brazo con más fuerza. Pude haberle dado todo. Pero en aquel momento aposté por la resistencia. Quise zafarme. Un movimiento brusco, un empellón. Un breve forcejeo hasta que el brillo metálico de su mano libre se hundió definitivamente en mi pecho sin ninguna misericordia.


El Trovador Errante

domingo, 3 de junio de 2007

XXVIII CERTAMEN DE POESÍA HUERTA DE SAN VICENTE


El pasado sábado día 2 de Junio se celebró el acto conmemorativo del XXVIII Certamen de Poesía Huerta de San Vicente. Este año, bajo el seudónimo de El Pintor de Batallas, el primer premio (450 €) fue recogido por María Teresa Rodríguez Delgado. A continuación os dejo uno de los poemas agraciados con el citado galardón.

¿QUÉ LUCES ME ACOMPAÑAN A LO LEJOS?

¿Qué luces me acompañan a lo lejos?
¿Acaso son tus ojos de aguanieve
que en el gris manto de esta noche leve
retornan al fulgor de mil espejos?

Retinas que me dan recuerdos viejos
de todas las miradas que me debes,
pupilas que al compás de amores leves
regaron mi razón con vino añejo.

Mas esta vez los adivino ausentes,
como el rumor de un piélago desierto
que mece con cadencia indiferente

el implacable son de tu concierto
ficticio, disonante e indolente,
como el latir de un corazón que ha muerto.
El Trovador Errante

viernes, 1 de junio de 2007

PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ...



Para mí, aunque esto es muy subjetivo, Ángel González es el mejor poeta vivo.

La vasta obra poética de este asturiano ya ha sido reconocida con multitud de galardones (Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1985), y en 1991 el Premio Internacional Salerno de Poesía (1991), elegido miembro de la Real Academia de la Lengua Española (1996), Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1996), Premio Julián Besteiro de las Artes y las Letras (2001), primer ganador en el año 2004 del Premio de Poesía Ciudad de Granada-Federico García Lorca) pero, como ya dije alguna vez, seguramente habrá que esperar a que muera para que la gente hable más de él. Es lo que tiene esta tierra maldita. Cosas de España.

El poema que os dejo a continuación puede que no sea el mejor, pero tiene para mi un singular recuerdo en tanto en cuanto, si cierro los ojos, aún me parece escuchar su áspera y profunda voz recitándolo junto a Pedro Guerra en el Teatro Isabel la Católica de Granada.



El Trovador Errante



ESPERANZA

Esperanza,
araña negra del atardecer.
Te paras
no lejos de mi cuerpo
abandonado, andas
en torno a mí,
tejiendo, rápida,
inconsistentes hilos invisibles,
te acercas, obstinada,
y me acaricias casi con tu sombra

pesada
y leve a un tiempo.

Agazapada
bajo las piedras y las horas,
esperaste, paciente, la llegada
de esta tarde
en la que nada
es ya posible...

Mi corazón:
tu nido.
Muerde en él, esperanza.